domingo, febrero 25, 2007

No son de los nuestros

No son de los nuestros

Por Francesc de Carreras, LA VANGUARDIA

Puede ser que el procedimiento judicial abierto a Ibarretxe esté jurídicamente mal fundamentado.

Puede ser que el Tribunal Superior del Justicia del País Vasco haya actuado, consciente o inconscientemente, por razones políticas, incumpliendo con su deber de ser independientes. Puede ser también que la última sentencia al preso etarra De Juana Chaos por la publicación de dos artículos en Gara sea contraria a derecho. Todo es posible, incluso probable.
Ahora bien, aunque todo lo anterior fuera cierto, es democráticamente injustificable la manifestación auspiciada por el Gobierno vasco y convocada por el PNV, bajo el lema “En defensa de nuestras instituciones”, para deslegitimar a los jueces que cumplen sus funciones en Euskadi. Yes injustificable por dos razones de distinto orden: porque politiza la justicia y porque no respeta el orden constitucional democrático.
En efecto, desde los inicios del liberalismo político la división de poderes es un principio esencial de los estados democráticos, en especial la separación entre el poder ejecutivo y el poder judicial. Desde esta perspectiva, el poder judicial - todos y cada uno de los jueces y magistrados son poder judicial- es independiente de los demás poderes, pero, a su vez, es absolutamente dependiente de la ley, del derecho, del ordenamiento jurídico. En esta aparente paradoja - ser totalmente independiente de los otros poderes y totalmente dependiente de la ley- consiste la independencia judicial.
Todo ello significa que las resoluciones judiciales no expresan el parecer del juez, su concepción personal de la justicia, sino que son el resultado de interpretar las normas de acuerdo con los métodos de interpretación aceptados por la comunidad jurídica y de aplicarlas a un supuesto concreto. La argumentación jurídica es distinta de la argumentación política porque ambas se fundamentan en premisas diferentes y tienen finalidades diversas. En muchos casos el juez dicta una resolución - un auto o una sentencia- con la que está en desacuerdo desde su personal concepción de la justicia, pero no tiene más remedio que hacerlo así, dado que, debido a su vinculación con la ley, ésta no le permite otra salida. Las resoluciones judiciales no expresan, pues, la voluntad del juez, sino la voluntad de la ley.
En consecuencia, la justicia, las actuaciones de los jueces no se politizan en razón del sujeto afectado - es decir, por tratarse de alguien que ocupa un cargo público o se dedica a la política-, sino porque sus argumentaciones no derivan de la ley, sino que se apartan de ella debido a que sus argumentaciones son políticas en lugar de jurídicas. Pero también se puede politizar la justicia en un sentido inverso: intentando el afectado presionar a los jueces para obtener la decisión que más le convenga. Ello alcanza una mayor gravedad cuando este afectado tiene la condición de lehendakari y alega en su favor la alta representación que ostenta. Esto es lo que han intentado hacer el Gobierno vasco y el PNV convocando y asistiendo a la mencionada manifestación del pasado lunes. Pero además está el lema: “En defensa de nuestras instituciones”. Ahí es donde se demuestra que los convocantes quieren no sólo politizar a los jueces, sino también deslegitimarlos, poniendo en cuestión el modelo constitucional de Estado autonómico: se defiende al lehendakari porque es nuestro e, implícitamente, se rechaza a los jueces porque no lo son,porque deben ser considerados algo ajeno al País Vasco, simples funcionarios de ocupación.
He estado leyendo estos días un excelente libro (Tiempo de reformas. El Estado autonómico en cuestión,Biblioteca Nueva, Madrid, 2006), de Juan José Solozábal, prestigioso catedrático de Derecho Constitucional, uno de mejores especialistas en materia de Estado autonómico. Solozábal reflexiona sobre la actualidad de los últimos años, especialmente en las reformas estatutarias. Sobre toda la obra planea la idea de que nuestro Estado es un Estado federal, idea con la que no puedo estar más de acuerdo, sobre todo cuando añade que es federal con algunas peculiaridades específicas, como por otra parte sucede en todos los demás estados federales. Y entre sus muchas consideraciones en torno a esta cuestión quiero aquí destacar dos de ellas que me parecen relevantes para el caso que nos ocupa: primera, el federalismo no es simplemente una organización institucional, sino también una cultura política determinada; segunda, federalismo y nacionalismo son incompatibles porque responden a culturas políticas muy distintas. De estas dos consideraciones extrae Solozábal una conclusión: sin lealtad mutua, las instituciones federales son inservibles porque les falta el aliento necesario para que funcionen bien.
Probablemente aquí reside la principal dificultad de nuestro Estado constitucional: algunos partidos no son de fiar porque no son leales, es decir, carecen de buena fe y generan desconfianza. Exigen pero no dan. El Gobierno vasco y el PNV, el lehendakari en primer lugar, sólo pueden exigir a los jueces que sean independientes, es decir, que se atengan a la ley, no que sean suyos o algo peor, de los suyos. Esto no casa con una concepción democrática del Estado. El nacionalismo prefiere el centralismo al federalismo; no se pretende el poder, sino todo el poder, y, en el extremo, a fuerza de deslegitimar las instituciones, se acaba con los mínimos de la cultura democrática: adolescentes profanando la tumba de un joven político vasco asesinado porque no era de los suyos.

Las sanciones linguisticas

Las sanciones lingüísticas

Al margen de lo que pueda tener de singular que un partido utilice un artículo de opinión en un diario digital -vinculado en este caso al periodista Federico Jiménez Losantos-, para ofrecer su ayuda jurídica contra las sanciones lingüísticas en Catalunya, el fondo del asunto está totalmente justificado.El vehículo utilizado podría sugerir unas extrañas complicidades políticas, pero eso no es obstáculo para que sea muy oportuna la denuncia del régimen lingüístico sancionador existente en Catalunya.Porque una cosa es la defensa de la lengua catalana contra las agresiones -que las hay, y muy potentes-, y otra muy distinta pretender imponer una lengua mediante la imposición -y valga la redundancia- de sanciones.El asunto es aún más grave en una sociedad como la catalana, que ha dado sobradas muestras de madurez lingüística y de su capacidad para el mestizaje, en éste y en otros ámbitos.Ese afán de intervencionismo, ese autoritarismo lingüístico, únicamente va en perjuicio de una sociedad como la catalana, que no necesita que los políticos metan sus manos en un asunto como la lengua que, libremente, practican los ciudadanos.¿No saben estos burócratas de la lengua, estos policías lingüísticos, que la lengua es algo tan delicado, tan vivo y tan rico que no puede imponerse? ¿No se dan cuenta de que lo que están haciendo es contraproducente?Y es contraproducente porque están provocando reacciones de rechazo en ciudadanos interesados en aprender y utilizar libremente la lengua catalana. Es decir, están logrando justamente lo contrario de lo que dicen pretender.Estos burócratas no se dan cuenta de que matar la libertad lingüística, como están haciendo, es crear tensiones donde hasta ahora sólo había normalidad, mestizaje, entendimiento y buena voluntad.Las sanciones lingüísticas están absolutamente en contra de los criterios que configuran una sociedad libre. Y si estos policías lingüísticos han hecho leyes dirigidas contra la libertad de los ciudadanos, basta con derogar esas leyes y destituir a esos policías de los puestos que ocupan.
Antonio Galeote

Dejar los muertos en paz

Deixem els morts en pau
Sergi Fidalgo

Les esquerres parlamentàries espanyoles tenen un mal costum: desenterrar els morts quan els convé per motius electorals o polítics, per distreure l'atenció quan els interessa. Per quina raó el PSOE i els hereus del PCE i del PSUC s'obstinen a treure a la llum pública una vegada i una altra el fantasma de la Guerra Civil, un enfrontament terrible de fa setanta anys?
Si no creien en l'oblit a canvi d'una transició pacífica i ordenada, per quina raó ho van acceptar? Per què no van forçar a finals de la dècada dels setanta un judici polític de l'aparell polític del franquisme i del postfranquisme? Per què van permetre que un bon nombre de funcionaris, policies i polítics franquistes es "reciclessin"? Si es va arribar a un pacte entre la gran majoria del poble espanyol, s'ha de respectar.
El que és indecent és que cada vegada que a Joan Saura, Pepe Blanco, José Luis Rodríguez Zapatero o Gaspar Llamazares els interessi desviar l'atenció es dediquin a parlar del franquisme i la lluita que es va produir entre "germans" entre el 1936 i el 1939. Tinc la sensació que la presumpta esquerra s'està unint als elements més reaccionaris del país per parlar molt del passat i poc del futur. Com si els convingués retrocedir pel túnel de temps, uns per recordar una època més "feliç" per a ells i els altres per deslegitimar el Partit Popular.
Ni el PP és la dreta franquista, ni el PSOE fa polítiques d'esquerres. Ambdós es barallen pel vot de centre, per les classes mitjanes urbanes, que són les que donen el triomf electoral. Els intents constants dels socialistes, amb el suport dels seus fidels escolanets, per posar l'etiqueta de franquista a la formació que presideix Mariano Rajoy responen només a interessos partidistes. Segur que a les files populars hi ha exfranquistes. I a les de Convergència, i a les del PSOE, i a les de la gran majoria de partits espanyols.
El dia que vegi Emilio Botín i la resta de banquers espantats per l'acció d'un govern socialista, aquest dia em creuré que són d'esquerres. Mentrestant, els veuré com el que són: uns professionals del poder, com els seus col·legues del Partit Popular. Per això demano als dirigents del PSOE que deixin els morts en pau, i que no presumeixin del que no són. Els socialistes del 2007 no tenen res a veure amb els que van lluitar a la Guerra Civil. Uns creien en l'emancipació de la classe treballadora, els altres només pensen a guanyar eleccions per veure a quants militants podran donar feina a les institucions que han conquerit.