jueves, diciembre 21, 2006

Hobbes y Locke

De Anibal Romero, Hobbes y Locke, y la situación en Venezuela

"Thomas Hobbes vivió en tiempos de guerra civil. La caótica Inglaterra del siglo XVII le impulsó a conceder prioridad fundamental, en su escala de valores políticos, a la seguridad de los individuos. Su Leviatán, o "Dios mortal", el Estado absolutista, tenía como misión proteger a los súbditos, a cambio de su obediencia. A quienes le advertían de que el precio por la seguridad era muy alto, Hobbes respondía que la existencia humana siempre tendrá inconvenientes y que sólo subestimamos la paz cuando nos sentimos seguros. Tan pronto comenzamos a perderla, entendemos su importancia.
John Locke escribió pocos años después, y su adversario fue el poder despótico al que Hobbes había atribuido soberanía. Locke argumentaba que entregar un poder absoluto a otro nos coloca en situación de esclavitud. Si el soberano es todopoderoso, los súbditos quedan a su merced, y entonces el pacto protección-obediencia depende del capricho de quien manda. Según Locke, el equilibrio necesario para salvaguardar la libertad y, a la vez, lograr un aceptable nivel de seguridad exige un Gobierno limitado, con división de poderes y derechos inviolables sustentados en leyes comunes para todos. Seguridad y libertad, lejos de contraponerse, deben balancearse.

La consideración de estos planteamientos sobre el origen y el papel de los gobiernos permite aproximarse a la realidad política venezolana. Tenemos un Gobierno, recientemente confirmado en el poder, que no protege a los ciudadanos, muchos de los cuales experimentan la más cruda violencia cotidiana o se encuentran atenazados por el miedo, ante la amenaza constante de ver violados sus derechos. Es un Gobierno que incumple el objetivo hobbesiano de seguridad y que tampoco satisface el requerimiento lockeano de libertad, pues en nuestro país las leyes son expresión de las conveniencias del régimen y su caudillo, que las tuercen y amoldan a sus fines, en medio de una evidente carencia de equlibrio entre las ramas del poder público.

Ni Hobbes ni Locke respiran a gusto en un país donde ha funcionado el principio democrático pero en el que la libertad padece de asfixia congénita. Pues si bien el principio democrático de voluntad de la mayoría define el origen legítimo del poder político, la democracia por sí sola no establece necesariamente la libertad, ya que el principio democrático, si carece de controles, conduce a la opresión de la mayoría sobre la minoría.

De ahí que la tradición del pensamiento político liberal proponga otro principio, que complementa el democrático y es indispensable si queremos evitar los riesgos de una "democracia totalitaria". Me refiero al principio que propone un Gobierno limitado en un contexto de derechos ciudadanos firmemente protegidos por una estructura institucional equilibrada. La democracia no es la panacea, y puede convivir con el acoso a la libertad. La "democracia totalitaria" es la dictadura perfecta, legitimada por la mayoría."