Partidismo
Política contra partidismo
Benigno Pendás, ABC, 06-09-06
"La clase política contagia a la gente una enfermedad grave. Su nombre es partidismo, que cursa como patología populista de la democracia constitucional. Se diluye poco a poco el espíritu de la Transición, esa hermosa aventura cívica que (con sus grandezas y servidumbres, faltaría más) ha situado a España en el único lugar posible y deseable."
"Si se concibe como sectarismo y demagogia, la política invade territorios que deberían ser inmunes a su acción. Accidentes de metro, incendios forestales, soldados muertos en acto de servicio... Por supuesto, las relaciones personales o la propia vida cotidiana. No es casualidad. Desde la caída del Muro, la izquierda busca nuevos frentes para el debate ideológico."
"La democracia ya no es una fórmula eficaz para adoptar decisiones entre propuestas competitivas, sino un principio activo que -bajo apariencia de un nombre honorable- sujeta a la ley de las mayorías cuestiones de naturaleza técnica, moral o simplemente humana. Es el eterno temor de los grandes liberales: «despotismo suave» en Tocqueville, «tiranía social» en Stuart Mill, invasión de las masas en Ortega. En ello estamos, aunque alguno de sus protagonistas no sea consciente y otros prefieran no serlo. "
Benigno Pendás, ABC, 06-09-06
"La clase política contagia a la gente una enfermedad grave. Su nombre es partidismo, que cursa como patología populista de la democracia constitucional. Se diluye poco a poco el espíritu de la Transición, esa hermosa aventura cívica que (con sus grandezas y servidumbres, faltaría más) ha situado a España en el único lugar posible y deseable."
"Si se concibe como sectarismo y demagogia, la política invade territorios que deberían ser inmunes a su acción. Accidentes de metro, incendios forestales, soldados muertos en acto de servicio... Por supuesto, las relaciones personales o la propia vida cotidiana. No es casualidad. Desde la caída del Muro, la izquierda busca nuevos frentes para el debate ideológico."
"La democracia ya no es una fórmula eficaz para adoptar decisiones entre propuestas competitivas, sino un principio activo que -bajo apariencia de un nombre honorable- sujeta a la ley de las mayorías cuestiones de naturaleza técnica, moral o simplemente humana. Es el eterno temor de los grandes liberales: «despotismo suave» en Tocqueville, «tiranía social» en Stuart Mill, invasión de las masas en Ortega. En ello estamos, aunque alguno de sus protagonistas no sea consciente y otros prefieran no serlo. "

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