Memoria histórica: olvido de la historia. Por Ana Nuño
Un parrafo del articulo de Ana Nuño, "La batalla por la memoria y el olvido de la historia"
http://www.letraslibres.com/index.php?art=11513
"España no está sometida a un régimen totalitario, pero la democracia de muy reciente implantación en este país dotado de una plurisecular tradición de gobiernos despóticos, se enfrenta a poderosos enemigos. Éstos no anidan, como antaño, en el ejército o la Iglesia, instituciones otrora muy activas en el frente antidemocrático y hoy normalizadas, es decir, habiendo aceptado las limitaciones que les impone el Estado de derecho. Aparte del obvio enemigo que representa el terrorismo etarra (ideológicamente revestido, por lo demás, de una delirante versión de marxismo-leninismo entreverada con alucinaciones suprematistas, hijas del racialismo nazi), el mayor peligro para el fortalecimiento de la democracia en este país proviene de una clase política y una elite mediática acostumbrada, como no podía ser menos, a reclamar de boquilla para sí los valores democráticos que se niegan a aplicar y respetar en la normal contienda con sus adversarios políticos.
Es preocupante que en España se haya impuesto un objetivo político, que parece orientar todas la estrategias desplegadas por los partidos en el poder desde 2004 (hay que recordar que, aunque el psoe ganó las elecciones generales de ese año, la mayoría relativa de escaños que obtuvo en el Parlamento no le permite gobernar en solitario, y que de hecho España está hoy gobernada por una coalición formada por uno de los dos grandes partidos de ámbito nacional, los restos y retales del PCE y satélites, y los caciques regionalistas a la cabeza de pequeños partidos virulentamente antiespañoles). Todas las estrategias: la aprobación de nuevos estatutos de autonomía, en un ejercicio magno de desprecio de los legisladores a la voluntad ciudadana, que en ningún caso ha manifestado el deseo de cambiar el actual marco estatutario; la solapada modificación de la Constitución de 1978 que estas maniobras conllevan, una vez más de espaldas a la ciudadanía, a quien se le impone poco a poco un cambio de facto del régimen constitucional vigente5; la falsificación del proceso de negociación con la banda terrorista ETA y la organización política que la representa, Batasuna, definida asimismo como terrorista por el consejo europeo de ministros de Justicia e Interior e incluida en la lista de organizaciones terroristas de la ue en junio de 2003, que el actual gobierno español presenta con el falso rótulo de “proceso de paz”, en un ejercicio de retorcimiento lingüístico digno del newspeak orwelliano y, por poner un ejemplo no imaginario, de los dirigentes de la urss que repetían incesantemente la cantinela de que la invasión de Afganistán por el ejército soviético era una “campaña de liberación”. Y, por supuesto, la Ley de la Memoria Hstórica ocupa, entre estas estrategias concertadas, el sitial de augusta referencia ideológica: se trata de remachar la nueva versión oficial de la historia, en un ejercicio patético de imitación (¿involuntaria?), de signo contrario pero idéntica metodología, de lo que fue la imposición de la ortodoxia histórica nacional-católica por el régimen franquista.
El objetivo no declarado de estas estrategias es tan elemental cuan burdo: la pretensión de expulsar de la arena política al otro gran partido de ámbito nacional, el Partido Popular. Se trata de impedir su regreso al poder “como sea”, frase ésta que resume a la perfección la ética política del actual presidente del gobierno español: modificando el marco institucional, vale decir las reglas del juego democrático, sobre la marcha y sin la sanción necesaria del respaldo mayoritario de la ciudadanía; radicalizando las actuaciones y la retórica política en un sentido favorable a los partidos nacionalistas regionales, a fin de darles satisfacción con la esperanza de disuadirlos de formar en el futuro alianzas con el principal partido conservador español, del que algunos de ellos (PNV y CiU) están más próximos ideológicamente que de la izquierda; apostando, si no a la disolución de ETA, al menos a la apariencia de su disolución, una lotería a la que han jugado todos los gobiernos españoles de la democracia, con mayor o menor respeto de la legalidad y la aplicación del Estado de derecho, lo que le permitiría a éste convocar elecciones generales anticipadas con la esperanza de conseguir un triunfo con mayoría absoluta. Y desde luego, se trata de generar en la mente de los ciudadanos el reflejo automático que vincule a los dirigentes y militantes del pp directamente con los falangistas y los franquistas, en un ejercicio de pretendida “recuperación de la memoria histórica” en realidad políticamente instrumentalizado desde el comienzo."
http://www.letraslibres.com/index.php?art=11513
"España no está sometida a un régimen totalitario, pero la democracia de muy reciente implantación en este país dotado de una plurisecular tradición de gobiernos despóticos, se enfrenta a poderosos enemigos. Éstos no anidan, como antaño, en el ejército o la Iglesia, instituciones otrora muy activas en el frente antidemocrático y hoy normalizadas, es decir, habiendo aceptado las limitaciones que les impone el Estado de derecho. Aparte del obvio enemigo que representa el terrorismo etarra (ideológicamente revestido, por lo demás, de una delirante versión de marxismo-leninismo entreverada con alucinaciones suprematistas, hijas del racialismo nazi), el mayor peligro para el fortalecimiento de la democracia en este país proviene de una clase política y una elite mediática acostumbrada, como no podía ser menos, a reclamar de boquilla para sí los valores democráticos que se niegan a aplicar y respetar en la normal contienda con sus adversarios políticos.
Es preocupante que en España se haya impuesto un objetivo político, que parece orientar todas la estrategias desplegadas por los partidos en el poder desde 2004 (hay que recordar que, aunque el psoe ganó las elecciones generales de ese año, la mayoría relativa de escaños que obtuvo en el Parlamento no le permite gobernar en solitario, y que de hecho España está hoy gobernada por una coalición formada por uno de los dos grandes partidos de ámbito nacional, los restos y retales del PCE y satélites, y los caciques regionalistas a la cabeza de pequeños partidos virulentamente antiespañoles). Todas las estrategias: la aprobación de nuevos estatutos de autonomía, en un ejercicio magno de desprecio de los legisladores a la voluntad ciudadana, que en ningún caso ha manifestado el deseo de cambiar el actual marco estatutario; la solapada modificación de la Constitución de 1978 que estas maniobras conllevan, una vez más de espaldas a la ciudadanía, a quien se le impone poco a poco un cambio de facto del régimen constitucional vigente5; la falsificación del proceso de negociación con la banda terrorista ETA y la organización política que la representa, Batasuna, definida asimismo como terrorista por el consejo europeo de ministros de Justicia e Interior e incluida en la lista de organizaciones terroristas de la ue en junio de 2003, que el actual gobierno español presenta con el falso rótulo de “proceso de paz”, en un ejercicio de retorcimiento lingüístico digno del newspeak orwelliano y, por poner un ejemplo no imaginario, de los dirigentes de la urss que repetían incesantemente la cantinela de que la invasión de Afganistán por el ejército soviético era una “campaña de liberación”. Y, por supuesto, la Ley de la Memoria Hstórica ocupa, entre estas estrategias concertadas, el sitial de augusta referencia ideológica: se trata de remachar la nueva versión oficial de la historia, en un ejercicio patético de imitación (¿involuntaria?), de signo contrario pero idéntica metodología, de lo que fue la imposición de la ortodoxia histórica nacional-católica por el régimen franquista.
El objetivo no declarado de estas estrategias es tan elemental cuan burdo: la pretensión de expulsar de la arena política al otro gran partido de ámbito nacional, el Partido Popular. Se trata de impedir su regreso al poder “como sea”, frase ésta que resume a la perfección la ética política del actual presidente del gobierno español: modificando el marco institucional, vale decir las reglas del juego democrático, sobre la marcha y sin la sanción necesaria del respaldo mayoritario de la ciudadanía; radicalizando las actuaciones y la retórica política en un sentido favorable a los partidos nacionalistas regionales, a fin de darles satisfacción con la esperanza de disuadirlos de formar en el futuro alianzas con el principal partido conservador español, del que algunos de ellos (PNV y CiU) están más próximos ideológicamente que de la izquierda; apostando, si no a la disolución de ETA, al menos a la apariencia de su disolución, una lotería a la que han jugado todos los gobiernos españoles de la democracia, con mayor o menor respeto de la legalidad y la aplicación del Estado de derecho, lo que le permitiría a éste convocar elecciones generales anticipadas con la esperanza de conseguir un triunfo con mayoría absoluta. Y desde luego, se trata de generar en la mente de los ciudadanos el reflejo automático que vincule a los dirigentes y militantes del pp directamente con los falangistas y los franquistas, en un ejercicio de pretendida “recuperación de la memoria histórica” en realidad políticamente instrumentalizado desde el comienzo."

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