sábado, agosto 26, 2006

Lingüistica e Historia

Articulo de Porta Perales en el Abc 25/08/2006 sobre el supuesto monolinguismo en Cataluña. El catalán y el castellano han convivido desde hace siglos en Cataluña, por tanto, el concepto de lengua propia del catalán queda en entredicho. En realidad, el concepto de lengua propia fue una categoria juridica que se sacaron de la manga los nacionalistas, para definir con exclusiva al catalán como lengua propia de Cataluña, y por ende, pasar a tener más prerrogativas y ventajas. Por consiguiente, el castellano pasaba a ser considerada una lengua no-propia de Cataluña.

Nuestro Castellano de Siempre
Miquel Porta Perales

CONTRARIAMENTE a lo que se dice, el primer catalanismo no es sino la expresión de una reacción contrailustrada y antiuniversalista que arrincona el modelo nacional democrático francés, ligado a la ciudadanía y que afirma que es francés quien ha nacido en Francia, en beneficio del modelo excluyente alemán, ligado a las ideas de origen, raza, costumbre, cultura y lengua que afirma que es alemán quien comparte la lengua y cultura alemanas. Con estos mimbres procedentes de las brumas del romanticismo alemán del XVIII, el primer catalanismo impuso la lengua catalana como la propia de Cataluña. Cosa que redujo el castellano -lengua que hablaba una parte importante de los ciudadanos de Cataluña- a lengua impropia de Cataluña. Y no sólo eso, porque sutilmente -con frecuencia, muy poco sutilmente- se fue construyendo la figura de un Otro extraño, intruso, bárbaro, ajeno a lo genuinamente catalán que podía contaminar o degenerar lo propio, lo auténtico, lo natural. Ni que decir tiene que lo natural era lo catalán y lo intruso lo español. Traducido a la cuestión lingüística, lo natural era la lengua catalana y lo intruso la lengua castellana. Y en eso estamos. ¿O es que el nuevo Estatuto de Cataluña, refrendado hace un par de meses con un éxito perfectamente descriptible, no insiste y persiste en que «la lengua propia de Cataluña es el catalán» y que «como tal, el catalán es la lengua de uso normal y preferente de las administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza». ¿El castellano? La redacción del nuevo Estatuto tiene su gracia: «El catalán es la lengua oficial de Cataluña. También lo es el castellano, que es la lengua oficial del Estado español». ¡Qué manera tan sutil de otorgar al castellano la condición de Otro! Un Otro, por lo demás, elevado al cuadrado si se tiene en cuenta que el castellano -noten el distanciamiento retórico y político- es la «lengua oficial» de ese Otro que es el «Estado español». Lo que también tiene su gracia -educación, medios de comunicación, Oficina de Garantías Lingüísticas, etc.-, es que el nuevo Estatuto afirme que «todas las personas tienen derecho a no ser discriminadas por razones lingüísticas».

Como decía, la idea de Cataluña que tiene el catalanismo -mejor sería hablar del invento y construcción de una determinada idea de Cataluña a mayor gloria de las filias, fobias e intereses del catalanismo- se sustenta en la idea de una lengua propia -por cierto, el inefable concepto de lengua propia es ajeno a la sociolingüística- opuesta a otra impropia. Pero, ¿y si el castellano fuera también la lengua propia de Cataluña porque se habla en el Principado desde hace siglos? Al respecto, son varios los trabajos que constatan que eso es así. Pero, esos trabajos han sido calificados de españolistas. O sea, a la papelera.

Ahora, acaba de publicarse un libro francamente recomendable para constatar, por enésima vez, que el castellano es también, desde hace siglos, la lengua propia de los catalanes. En «L´aventura del català» (editado por L´esfera dels llibres), Albert Branchadell nos indica que Jaime I no se distinguía por el uso del catalán, que el catalán siempre convivió con otras lenguas -el castellano, por ejemplo- antes del Compromiso de Caspe y del 11 de septiembre de 1714. O lo que es lo mismo, adiós a una imaginada edad de oro en que Cataluña era lingüísticamente homogénea. Más: el autor también señala que el Decreto de Nueva Planta no prohibió del todo el catalán, ni impidió su uso en la Audiencia, la escuela, la iglesia, la notaría y la literatura. Entrados en el XX, el autor muestra que la II República estableció -tome nota el catalanismo republicano de hoy- que la enseñanza se impartiera en lengua materna catalana o castellana. Una idea recurrente del libro que incomodará al carlismo lingüístico catalanista: Cataluña nunca ha sido monolingüe. En fin, nuestro castellano de siempre.