miércoles, julio 12, 2006

Montilla, necesario pero no suficiente

11/07/2006
MONTILLA: NECESARIO PERO NO SUFICIENTE

JOSÉ CASTELLANO Miembro de Ágora Socialista


LA enorme abstención cosechada en el Referéndum nos ha dejado diversas secuelas entre las cuales, como más preocupantes, hay que destacar el agravamiento del divorcio entre la clase política y buena parte de la población. También la desconfianza con que se observa a Cataluña desde otras comunidades autónomas, y el peligro de distanciamiento entre sectores de nuestra propia ciudadanía según las diferencias de trato que pueden aflorar a la hora de desplegar un Estatuto, que, a pesar de los recortes, ha resultado potencialmente discriminatorio para amplias capas de la población.
Tenemos, además, el patético final del gobierno tripartito; la renuncia de Pascual Maragall a encabezar la lista del PSC en las próximas elecciones y la elección de Montilla para sustituirle. Candidatura que me plantea la duda de si con ella se desautorizan las declaraciones de Maragall sobre la importancia de haber nacido en Cataluña para presidir la Generalitat o si, por el contrario, lo que finalmente ha cuajado es la idea maragalliana, no menos perversa, de que se designa a Montilla porque -ya- es catalán de pura cepa.
De todas formas, el padrinazgo obligatorio instalado de hecho en la política catalana a partir de la transición ya había sido fielmente retratado años atrás como se desprende de la siguiente anécdota ocurrida durante la apertura del IX Congreso del PSC. En un diario barcelonés aparecía un chiste en el que el autor acertaba a representar con su dibujo todo un editorial, cosa bien frecuente en los buenos humoristas. Se veía a un mayordomo ofreciendo a un burgués la bandeja con la correspondencia al tiempo que, aproximadamente, le decía: «tranquilo Pepe que aquí vamos a mandar tu y yo». En las dos figuras se reconocía claramente a Montilla y a Maragall. Pues bien, cuando Montilla accedía al recinto donde del plenario, le entregué fotocopia del dibujo animándole a rebelarse para desmontar lo injusto de la situación que el humorista interpretaba como probable resultado del Congreso.
Montilla, tan parco en palabras como siempre, esbozó una sonrisa y un saludo continuando hacia la apertura de unas sesiones que finalmente aprobaron la dirección bicéfala que ha permanecido hasta ahora. Situación que todavía hace unas semanas trataban algunos de prolongar intentando reeditar la misma pareja en las próximas elecciones para de ese modo continuar con el tutelaje fáctico que el catalanismo ha venido imponiendo incluso a sus más leales colaboradores.
Y precisamente contra esto nos rebelamos los hombres y mujeres de «ÁGORA SOCIALISTA», modestísima corriente del socialismo catalán que, sin embargo, interpreta y recoge la rebelión silenciosa protagonizada por los cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas de Cataluña que, como he repetido tantas veces, abandonan las candidaturas socialistas en todas las elecciones autonómicas al sentirse traicionados y no representados en el falso oasis de esa mítica Cataluña, que el nacionalismo pretende construir a su medida y antojo.
Pero volviendo a la candidatura. El descrédito que ha acumulado el proyecto socialista catalán durante tanto tiempo de predominio nacionalista no es ya fácilmente recuperable. De ahí que con toda modestia, pero con la autoridad moral que me otorgan los muchos años que llevo denunciando estas desviaciones, dentro y fuera del partido, sostengo que la candidatura de Montilla es condición necesaria pero no suficiente para que el PSC recupere la credibilidad perdida y el lugar hegemónico que le correspondería como principal partido de la izquierda catalana. A la vez, también hay que exigirle un programa dirigido a esa mayoría social de progreso que conforma la sociedad catalana. Y también, que detrás del nuevo presidenciable desaparezcan de las candidaturas socialistas los sectores más identificados con el nacionalismo, empezado por la mayor parte de los miembros de Ciutadans pel Canvi, grupo que fue creado para el autobombo de Pascual Maragall. Y todas esas vacantes deben cubrirse con personas representativas de los sectores sociales que conforman y justifican un auténtico y honesto proyecto socialdemócrata sin adherencias ni tutelas de las castas de ese nacionalismo pequeño burgués cuyo lugar hace tiempo que está en la historia, lejos del más mínimo protagonismo en una democracia moderna.
Tampoco es pedir demasiado que para superar tantos fracasos se corrijan los muchos errores cometidos antes de que sea demasiado tarde.